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Fowler un jugador de rojadirecta que no supo buscar la retirada a tiempo

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Fowler y la tarjeta rojadirecta de no saber irse a tiempo

 

El que les insta, a pesar de no existir prueba impresa de su existencia, a detener el juego en caso de lesión de un compañero para que las asistencias médicas puedan atenderle debidamente. Y la continuidad de esta filosofía del fair play es precisamente la que está actualmente generando la rojadirecta del debate entre los clubes españoles, que se cuestionan la conveniencia de dar bola, valga la redundancia, a una medida que provoca también la propagación de la picaresca. Ese virus tan antiguo como el propio fútbol.

 

 

La ley no escrita esta tan asentada en la cultura balompédica desde hace tiempo que los futbolistas más insospechados como Juanito son de rojadirecta, muy a menudo, los que más predican con el ejemplo.

 

¿Cómo entender sino, la reacción del futbolista-hooligan Paolo Di Canio en la temporada 2000/2001, cuando repitió dos décadas más tarde el gesto del madridista jugando con el West Ham inglés? Di Canio, lejos de ser un modelo de juego limpio y menos rojadirecta a lo largo de una carrera plagada de incidentes violentos y gestos fascistas junto a los ultras del Lazio, tuvo el buen gusto en ese caso de parar el juego e instar al árbitro a que solicitara la entrada de los auxiliares.

 

Robbie Fowler negó repetidamente ser víctima de un penalti; luego el delantero lo lanzó flojo, a las manos del portero. La deferencia, relatada en el excelente recopilatorio de artículos Historias del Calcio, de Enric González, es muy propia la rojadirecta de la liga inglesa, donde la cultura del juego limpio siempre ha estado mucho más asentada que, por ejemplo, Italia. Fue en la Premier donde Robbie Fowler, el que celebró un gol esnifando la línea de banda y realizó gestos homofóbos contra el lateral del Chelsea Graeme Le Saux, tuvo también la vergüenza de corregir la decisión de un árbitro.

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