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El Barça se amodorra

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El Basilea trunca la racha de doce victorias seguidas de los azulgrana, imprecisos y faltos de tensión en un Camp Nou semivacío | Así lo contó, en directo desde tarjeta roja directa.

 

Henry malogró así la mejor ocasión de la primera mitad

 

Era partido oficial, de Liga de Campeones, concretamente; el equipo andaba enrachado, ni más ni menos que con 12 victorias consecutivas y cinco sonadas goleadas entre el torneo europeo, la Liga y la Copa, y había dejado incluso de llover en Barcelona tras un fin de semana pasado por agua. La hora, más favorable que muchos fines de semana, y el placentero marco deportivo, convidaban a pasarse por el estadio. Pero ni así.

 

Más de 50.000 aficionados del Barcelona volvieron a perderse un partido del equipo de Pep Guardiola este martes. Mirando el vaso medio lleno, hicieron bien, pues el decepcionante 1-1 final no resultó ser el brillante ejercicio futbolístico de otras veces. Viéndolo medio vacío, se perdieron una cita interesante, pues sirvió para truncar una racha histórica y recordar pecados no tan lejanos. Además del habitual gol de Messi, claro; reclamo algo infravalorado estos días en Can Barça.

 

Con el argentino y Eto'o en el banquillo, el Barcelona almacenó también su genio de inicio, pues la dupla Henry-Bojan aportará mucha clase, pero mala baba, más bien poca. Tampoco se requería mucha para atenazar a la defensa suiza, como demostró el canterano en Saint Jacobs Park hace dos semanas. Pero este partido era otro bien distinto al de aquel 0-5 en Basilea, como bien se encargó de demostrar a falta de nueve minutos para el final Derdiyok. El rival venía escarmentado y el Barça jamás ajustó su lectura, pagando con el empate el pecado del exceso de contemplación. Aunque no peligrara en ningún momento la clasificación a octavos, certificado el pase tras el triunfo del Sporting sobre el Shaktar Donetsk.

 

Se oyó más durante el primer tiempo a los 30.000 seguidores suizos que a los socios azulgrana. Y la modorra de la grada acabó contagiando a los futbolistas en el césped, cosa en cierta manera lógica si se atiende a los números: pese a promediar más de tres goles por partido en el Camp Nou, el coso barcelonés no ha superado el 75% de su aforo en el presente curso. Si el público se desinteresa, al final acaba claudicando también el futbolista. Esta vez fueron 49.479. Media entrada. Una pena.

 

Cierto es también que el conservador planteamiento visitante tampoco ayudó demasiado al desperezamiento. Ningún futbolista por detrás de Busquets e Iniesta dejó Christian Gross, en su empeño de resguardarse de otra humillación y sumar algún punto que dignifique su presencia en la máxima competición continental.

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